9nov 07

“Photoclima: Imágenes de un futuro afectado por el cambio climático”, el libro de Greenpeace

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“Photoclima: Imágenes de un futuro afectado por el cambio climático”, el libro de Greenpeace

Ya sabemos que una imagen, a veces, vale más que mil palabras. Y ver con nuestros propios ojos algo que sabemos que sucederá, algo que nos dicen que será inevitable sin cambios en la política ambiental, de seguro golpea más que la teoría. Es que, de este modo, el futuro nos da una bofetada en el rostro para que reaccionemos. Ese es el sentido, ese es el fin, ese es el objetivo de “Photoclima: Imágenes de un futuro afectado por el cambio climático”, el libro lanzado por Greenpeace y que muestra, gracias al montaje, la transformación paisajística que sufrirá España a consecuencia del cambio climático.

De este modo, además de el efecto que dan las imágenes, la publicación da un alerta sobre la urgencia de reducir las emisiones de CO2 y así, evitar que esas fotografías logradas a través de efectos especiales, no se transformen en una realidad ineludible.

“Photoclima: Imágenes de un futuro afectado por el cambio climático”, el libro de Greenpeace

Así, los temas abordados en el libro van desde los ríos, donde se utiliza la imagen del Ebro, las montañas, ejemplificadas con los glaciares de Monte Perdido en el Pirineo, la agricultura, en la que pueden verse las plantaciones de naranjos valencianas, los bosques, en las que se utilizaron imágenes del Parque Natural de los Alcornocales en Cádiz, los mares, a través del Parque Nacional de las Islas Atlánticas en Galicia y, por último, los inmigrantes, los más vulnerables y menos responsables del cambio climático. Imágenes que golpean y palabras que acompañan con la claridad de la pluma de autores tales como José Saramago, Rosa Regás, Manuel Rivas, Iñaki Gabilondo y Miguel Delibes.

Pero claro que la aclaración de Raquel Montón, la responsable de las camapañas climáticas de Greenpeace son por demás precisas: “Las imágenes de este libro no son imágenes de futuro, el futuro puede y debe ser otro”.

Vía: El País